Como profesionales tenemos la labor de acercar de una manera amena y comprensible ciertos términos, ya que en ocasiones pecamos de hablar de conceptos comunes para nosotros pero que no lo son tanto para las familias, que se ven abrumadas por nueva información sin saber cómo abordarla. Espero que este post os resulte de ayuda.
Explicar a familias y otros profesionales lo que son las funciones ejecutivas puede ser clave para que puedan comprender y ayudar al desarrollo cognitivo, no solo de niños y niñas, sino de las personas mayores que tienen a su alrededor y también el suyo propio.
Las Funciones Ejecutivas tienen un papel muy importante en nuestras actividades diarias, nos ayudan a desenvolvernos en ciertas situaciones y conseguir las cosas que nos proponemos. Son muy importantes para planificar lo que haremos durante el día, el orden en el que lo haremos o controlar el tiempo que nos llevará una actividad. Gracias a ellas somos capaces de cambiar de plan cuando nos surgen imprevistos o necesitamos hacer cualquier otra gestión u actividad no planificada previamente y de regular nuestras emociones.
Haciendo un pequeño símil, las funciones ejecutivas serían como el “director” de nuestro cerebro, el que coordina y organiza diferentes procesos mentales.
Estos procesos mentales son, entre otros:
Memoria de trabajo: Nos ayuda a recordar cosas importantes por un corto periodo de tiempo.
Flexibilidad cognitiva: Nos permite adaptarnos a los cambios y poder ver las cosas desde diferentes puntos de vista, adaptarnos a nuevas circunstancias sin aferrarnos a conductas rígidas.
Inhibición: nos ayuda a controlar nuestros impulsos, nuestra capacidad de decirnos “espera un momento” o “ahora no”.
Razonamiento: capacidad que tenemos de extraer conclusiones y aprender a partir de la experiencia, resolviendo problemas de manera consciente.
Resolución de problemas: capacidad de identificar un problema, sus causas y las medidas que hemos de tomar para solucionarlo.
Atención: capacidad que nos permite saber qué está ocurriendo a nuestro alrededor o focalizarla en una tarea concreta.
Planificación: nuestra capacidad para establecer objetivos, realizar cualquier actividad y llevarla a la práctica. Incluye la anticipación, toma de decisiones y la memoria prospectiva (capacidad de recordar lo que tenemos que hacer después).
Velocidad de procesamiento: capacidad que tenemos para dar una respuesta correcta, rápida y sin apenas esfuerzo.
Toma de decisiones: capacidad que tenemos para elegir la opción mas ventajosa entre varias alternativas que se nos presentan.
Autorregulación emocional: habilidad que nos permite gestionar nuestras emociones de manera consciente y adaptativa.
Todas estas y otras capacidades se van adquiriendo desde el nacimiento hasta la edad adulta y se pueden entrenar y trabajar a lo largo de toda la vida.
Que exista un déficit o “fallo” en las funciones ejecutivas no implica que estén afectadas todas y cada una de ellas, pero sí implica que hay que entrenar y estimular concretamente esa o esas habilidades.
Por poner algún ejemplo de nuestra vida diaria, cuando un niño o niña tiene un mal rendimiento en la función ejecutiva suele tener problemas, tanto en casa como en el colegio, le puede costar trabajo concentrarse, planificar una actividad, organizarse y gestionar su tiempo, también puede tener olvidos, perderse con facilidad o reaccionar de manera impulsiva ante algunas situaciones. Lo mismo pasa en adultos y personas mayores.
El déficit en funciones ejecutivas está asociado a niños y niñas con TDA, TDAH, TEA, X-frágil, Dislexia, Impulsividad o Dificultades Sociales.
También suele presentarse en adultos o personas mayores, tanto por algún tipo de enfermedad o trastorno, o simplemente fruto del deterioro cognitivo que conlleva la edad.
Cuando en consulta o terapia se menciona que hay que trabajar funciones ejecutivas mediante actividades de estimulación cognitiva, no estamos diciendo otra cosa que, mediante el entrenamiento de esas capacidades afectadas se puede ver una gran mejoría.
Tambien hay que decir lo beneficioso que es trabajar estas funciones en general ya que está comprobado que el entrenamiento diario produce un aumento de esas capacidades en personas que no tienen ningún tipo de afección, además previenen el deterioro cognitivo en adultos y personas mayores.
En resumen, el entrenamiento en funciones ejecutivas es fundamental para el desarrollo integral de las personas, ya que influye en su capacidad para aprender, trabajar, relacionarse con los demás y enfrentar los desafíos de la vida diaria. Al mejorar estas habilidades, se abre un mundo de oportunidades y se promueve un mayor bienestar emocional y social.
Mavi Fernández.
Pedagoga.
SERENDIPIA. Centro de Terapias y Formación